Así vivimos un team building entre olivos (y por qué es una experiencia que todos deberían probar)
Hay experiencias que no se pueden explicar del todo, pero sí se pueden sentir. Y eso es exactamente lo que ocurre cuando te adentras en el origen de algo tan cotidiano y a la vez tan especial como el AOVE.
Hace poco organizamos un team building para un grupo de veinte personas: un equipo internacional, con personas de distintos países y distintas oficinas, que se reúnen cada seis meses para compartir alguna experiencia cultural española. Lo que vivieron ese día no fue un evento corporativo más, sino una experiencia sensorial.

Una historia que engancha antes de probar el aceite
Todo empieza por el principio, y el principio de Las Arenosas es una historia real: cómo una familia de Córdoba construyó durante generaciones lo que hoy son 800 hectáreas de olivar en Montemayor. No es un discurso de marca. Es una historia con nombres, con trabajo duro desde muy jóvenes, con decisiones tomadas pensando en el largo plazo y en lo que se quería dejar después.
Cuando se cuenta así, la gente escucha de otra manera. Hay preguntas, hay curiosidad genuina, hay quien conecta con algo que va más allá del producto en sí. El AOVE deja de ser un ingrediente para convertirse en el resultado de algo mucho más especial.

El proceso: entender qué hay detrás de cada botella
A través de fotos, instrumentos y material del campo, fuimos recorriendo todo el proceso de producción: cómo se cuida el olivar durante el año, cómo se recoge la aceituna en el momento exacto de madurez, qué implica la extracción en frío y por qué eso marca la diferencia en el resultado final. También hablamos de las variedades, Picual y Hojiblanca, y de cómo su combinación define el carácter del aceite de Las Arenosas.
Es en ese momento, cuando el aceite que tienes en casa deja de ser solo un líquido en una botella. Empieza a tener contexto: una tierra concreta, una familia concreta, unas decisiones concretas que afectan a todo lo que acabas probando después. Cambiando cómo lo percibías hasta entonces, cambiando cómo lo empiezas a valorar ahora.
Una de las cosas que más generó conversación fue entender por qué el AOVE que solemos comprar en el supermercado no tiene nada que ver con un aceite de verdad. No es solo una cuestión de precio, consiste en una cuestión de proceso, de origen y de lo que se prioriza en cada caso.
La cata: donde la teoría se convierte en algo práctico
Si hay un punto que define la experiencia, es la cata. Dividimos al grupo en quipos y les pusimos delante tres aceites: uno de supermercado, uno virgen y el AOVE Las Arenosas. El reto era simple: adivinar cuál era cuál.
Nadie lo tenía claro al principio pero la dinámica funcionó sola ya que todo el mundo terminó notando la diferencia entre un aceite y otro, y por qué esa diferencia importa. Se resolvieron todo tipo de dudas sobre el aceite que estamos acostumbrados a usar en la cocina, sus diferentes funciones y los diferentes tipos de aceite. Ese tipo de aprendizaje, el que viene de experimentar algo en lugar de solo escucharlo, es el que se acaba quedando.
La cena, el cóctel y el tiempo entre medias
La experiencia se completó con una cena de picoteo: tostadas, jamón, productos de la tierra. Nada complicado, pero todo bien elegido y pensado para acompañar lo que se había estado hablando. Como no podía faltar, Aceite de Oliva Virgen Extra Las Arenosas en el centro de la mesa, usado como se merece, no como un extra.
Para beber, el Bloody Sherry Virgin Extra: nuestra versión del Bloody Mary hecha con AOVE Las Arenosas, fino de Jerez, zumo de tomate, limón y tabasco. Usar aceite de oliva de calidad en un cóctel es algo que siempre genera reacción, y en este caso no fue diferente. Se trata de una forma de mostrar la versatilidad del producto sin necesidad de explicarla.
Entre la cata, la cena y las bebidas, el grupo tuvo tiempo de hablar y de comentar lo que habían experimentado, un rato que forma también parte de la experiencia.
Por qué este formato funciona como team building
Lo que hace diferente a este tipo de experiencia es que nada parece forzado. No hay dinámica artificial diseñada para «cohesionar al equipo» desde fuera, resulta que la conversación surge sola, la cata genera participación natural y la historia da pie a preguntas reales.
Además, se llevan algo concreto: un criterio nuevo para elegir AOVE, una referencia cultural sobre Andalucía y la producción oleícola española, y la sensación de haber hecho algo que no se hace todos los días. Hablamos de una actividad que combina aprendizaje, gastronomía y experiencia sensorial sin que ninguna de las tres partes pese más de lo que tiene que pesar.
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Si estás buscando algo diferente para tu próximo evento de equipo, una actividad que salga de lo convencional sin perder el sentido, este tipo de experiencia puede ser justo lo que necesitas. Si quieres saber más, contacta con nosotros.